Decisiones
Cuando hay sentido y hay meta, es tiempo de decidirse a la acción.
Como dice Víctor Frankl “vivir una vida con propósito es darle propósito a la vida” y fue eso lo que me puso de pie.
Esos meses fueron una maraña de emociones, decisiones, duelos, sombra y luz casi en las mismas cantidades en un principio. Ahora que va llegando el solsticito de verano, yo estoy sincronizada con la energía del universo y cada vez siento que se va corriendo más el velo de los “no”, para darle paso a la energía de lo que “sí quiero” y es posible.
Había que armar plan, y para eso tuve que retomar la búsqueda de información. Un año ante, hice mi primera prueba y me fui de mochila por Europa. Mi mundo interno y de redes se había abierto. Aprendí tanto en este tiempo: sobre viajes, sobre cómo comprar vuelos baratos, armar itinerarios, infinidad de aplicaciones que te resuelven un poco la vida nómade. También leí muchas historias, buscaba inspiración y la encontré. Me di cuenta que era posible pero que eso implicaba tomar decisiones importantísimas.
Necesitaba instalar a mis hijos en sus nuevos nidos y que estuvieran tranquilos para desde allí poder armar sus sueños, sabía que mantener tres casas no era una opción viable para mí, con lo cual si quería darles un estudio en Buenos Aires e irme a viajar sabía que tenía que despojarme de todo lo mío.
Me reuní con ellos, les conté la idea. Me dijeron “mamá, es obvio que lo tenés que hacer y es necesario que lo hagas.” No hay en el mundo dos personas que me conozcan más que ellos. A veces creo que me conocen más que yo misma.
Sabía que necesitaba un tiempo para mí antes de comenzar la travesía definitiva, un retiro en Machu Pichu, algo que ya estaba en mis planes hace tiempo, se presentó como oportunidad y la tomé. Simbólicamente todo me llevaba a retomar el camino donde lo había comenzado. Necesitaba andar el camino hasta llegar a Cusco y lo quería hacer del modo que me gusta, por tierra, conectando con la gente y sintiendo como el camino le va abriendo paso a paso.
Hace muchos años, que estoy fascinada con el inconsciente colectivo y el modo de entender el mundo de las distintas culturas, he dado talleres de Diosas griegas, mitos, sueños, y hace tiempo que la cosmogonía de los pueblos originarios de América Latina se convirtió en una de mis exploraciones favoritas. Sé que hay mucho ahí que nos abarca y nos constituye, nos da identidad.
Entendí que comenzar el viaje por América también sería una excelente oportunidad para seguir mi investigación y escribir. Mi corazón tenía un motivo y mi mente también.
Los ahorros que tenía para cambiar el auto ya no tenía sentido usarlos para ese fin y es así que compre el retiro y mi vuelo a Jujuy. Tenía por donde arrancar. Y Fue así que un América Latina 2025 se transformó en meta y luego en plan.
Convivieron en mí días de armado de lo que venía y de cierre de lo que dejaba. Acompañar a mi hija en todos sus finales de ciclo fue llenando de significado mis horas, y haciendo carne el repaso por lo vivido.
Anoche cuando escuchaba el discurso de despedida de su egreso y la Directora los arengaba a ir por sus sueños y a vencer sus miedos, algo en mi mente sabía que eso era un mensaje para las dos.
Sabía que no hay otra manera de salir del barro de la vida que, floreciendo.
Sabía que no hay loto sin lodo.
Sabía que no hay posibilidad de lo nuevo sin permitirse y aventurarse a atravesar el desapego.
