Buscar en mi alma
Poco a poco las piezas se acomodan en mi cabeza haciéndose espacio y tiempo. Mi cuerpo lo sabía, yo estaba comenzando a sentirme en CONEXIÓN.
Ahora era tiempo de empezar un trabajo de exploración interna y externa, para ver cuáles de los infinitos planes y posibilidades respondían más a ese sentido. Era tiempo de recuperar las memorias olvidadas de quien era yo y las experiencias en la vida que me darían las herramientas para lograrlo: era tiempo de buscar en mi alma.
Este tiempo me llevó a desempolvar la idea del viaje, el movimiento, la montaña y la mochila dando pequeños pasos mentales explorando la potencialidad de esa realidad.
La primera vez que sentí que podía moverse más allá de los límites de mi mente yo tenía 19 años. La Universidad era mi mundo. Hay profesores que te marcan de por vida, y Mariel lo hizo por su pasión, su espíritu y por mostrarme que mi profesión era mi herramienta para habitar el mundo y que este era inmenso. Me invitó a desafiar mi metro cuadrado.
Mi imaginario pasó por la idea de irme a trabajar en Trieste (Italia). Comencé los papeles de la ciudadanía, moví todo a mi alrededor y cuando llegó el momento el miedo pudo más que mi sueño y me quedé.
Cuando en 2009, a mis 33 años, una vez más necesite apoderarme de mi fuerza interna. Esa vez la motivación no era habitar los sueños sino encontrarme a pesar del profundo dolor que me habitaba. Tomé mi mochila desafiando todos los estereotipos y la imagen que había construido para el afuera (sólo mi niña interna sabía mi sueño más preciado).
Fue mi primer viaje sola, viaje por el norte argentino y volví de ese viaje declarando que algún día yo viajaría por el mundo con mi mochila. El día que crucé caminando la frontera entre Argentina y Bolivia fue un momento en el que yo me sentí habitante del mundo, sentí que podía cruzar tanto las fronteras externas como internas, sentí conexión.
A mi regreso me esperaba el amor de mis pequeños y una realidad contundente. Elegí ser madre cuidadora y proveedora hasta el día hoy. Con el tiempo aprendí que fue una elección porque siempre se puede hacer otra cosa. Yo amo profundamente ser madre y actué en consecuencia. Estoy en paz con eso.
Criar sola, en un pueblo que no era mío me permitió seguir forjando un espíritu resiliente. También me ayudó a desarrollar una habilidad que tenía desde pequeña: armar red, hacer amigos, contar con gente en la que apoyarme, expandir mi trabajo y criar siendo yo misma.
Algunas veces vino a mi mente la idea de un motorhome e irme a criar a mis niños por ahí. Busqué experiencias que me nutrieran de información, como la de los Zapp a que según día a día en su diario de viaje. Pero una vez más me quedé. Creo que esta vez le ganó la realidad al sueño.
Todo tiene su tiempo y su espacio. Cuando mis hijos empezaron a construir los propios sueños, otra vez el llamado llegó a mi puerta. La pandemia trajo la posibilidad de trabajar remoto, amigos de otros países, comenzar a trabajar con consultantes de todo el mundo, y se abrió mi mapa mental a tal punto que hoy estoy acá contando esta historia.
Me recordé y me di cuenta que tenía una fuerte motivación, tenía motivos para ponerme en acción.
Me exploré y me di cuenta que tenía un montón de recursos internos para usar a mi favor.
Le prometí a aquella niña, la que sabía de mis sueños, que me ocuparía de hacerla feliz.
