Construyendo una vida nómade
EL SENTIDO
No es un día que te levantas y todo está claro, no es una inspiración divina ni un llamado contundente como imaginamos, no es una única situación de la vida, ni un único anhelo, no es de un día para otro y no es tan claro como me encantaría.
Es una construcción que le da forma de idea a la intuición, es un ir y venir de decisiones que me hicieron ver tal vez como errática para el afuera y un tanto confundida en el adentro. Con el tiempo aprendí a abrazar mi proceso y darme cuenta que esas idas y vueltas son esenciales, que es poner en debate y sopesar todas mis partes en juego e invitarlas al maravilloso proceso alquímico de la transformación.
Construir la idea de una vida nómade me invitó a desafiar el paradigma de las certezas, ya nada sería verdadero hasta el momento en que fuera vivido.
Desde hace tiempo que mi mapa del mundo alberga la creencia de que en la acción está la realidad, y es así que sólo cuando la idea se pone en movimiento comienzo a sentir que hay algo del futuro que se hace presente.
Necesitaba hacerme cargo de mi libertad. Sabía que el proceso de terminar de criar estaba cerca y yo una vez más como en otros cambios de ciclo vital tenía la oportunidad de elegir.
Apropiarse de la capacidad de tener libre albedrío es una de las cosas más humanas, y es así como lo viví: con la mirada en el cielo y los pies en la tierra, con la urgencia y el aplomo, con la sed de aventura y el miedo sobre todo a no ser fiel a mí misma.
Era necesario poner un ordenador, una brújula, un norte en mi vida. Sabía – al menos en la teoría- que una meta sin propósito puede que me llevará por un camino que no tuviera sentido.
Y fue el tiempo de la pregunta existencial: Si conecto con mi alma, en ese instante del final de esta vida ¿que quisiera estar sintiendo?
Y la respuesta tuvo claridad en el cuerpo, apareció como una sensación poderosa alrededor de mi ombligo, en las tripas. Cuando intenté abarcarla en una palabra no pude, pero la que más se le parece es “SENTIDO DE LA CONEXIÓN”
De ahí en más entendí que esa sería mi brújula, cualquier plan, cualquier vivencia, cualquier objetivo tendría que ir en la dirección de mi propósito. Para mí, si hay no hay conexión no hay nada.
